La doncella quiso ser marinero. Travestismo femenino en Europa (siglos XVII-XVIII)
Madrid: Siglo XXI, 2006
Se trata de un estudio minucioso y complejo para identificar casos de travestismo femenino entre los siglos XVII y XVIII en Holanda. El resultado son ciento diecinueve casos acaecidos entre 1550 y 1839, lo que demuestra que no era excepcional en tiempos pasados que las mujeres adoptaran apariencia de hombre: “estas mujeres no fueron casos aislados, sino que formaron parte de una tradición de travestismo de la que eran plenamente conscientes”(4). No ha sido siempre fácil identificar los casos pues a veces los datos son esquivos, la información incompleta y existen grandes vacíos documentales para determinar con precisión un real travestismo y no episodios carnavalescos en los que se trocaban los roles, como parte de las fiestas locales.
En el capítulo “Mujeres que vivieron como hombres”, los autores hacen una sistematización de los datos existentes: los oficios que estas mujeres desempeñaron, sus orígenes y edades, el proceso de la transformación, el aspecto físico que tenían como hombres, la impostura y el modo en que terminaban siendo descubiertas. En todos los casos las mujeres procedían de grupos sociales bajos.
El siguiente capítulo “Motivos y tradición” hace una revisión de las razones que motivaban este travestismo, los cuales pueden no ser tan transparentes como se desearía, debido a que la mayor parte de la información proviene de testimonios vertidos en juicios, en donde es evidente que ellas debían de justificar con argumentos agradables a los jueces sus motivaciones. Sólo en el caso de Maria van Antwerpen se cuenta con una autobiografía que puede iluminar algunas otras aristas de su personalidad. Los principales motivos eran románticos, el perseguir a sus parejas que eran enviadas a la guerra o para casarse con otras mujeres; motivos patrióticos, ellas mismas alistarse en las filas del ejército o como marinos de guerra, por la paga, por la falta de otro empleo, para no caer en la prostitución o por una vocación patriótica (este argumento era siempre bien recibido por la población y el jurado); motivos económicos como la pobreza, en donde se mezclaban las razones antes mencionadas. Existían también casos de mujeres que se travestían para delinquir y se conoce el caso de una banda de travestidas especialmente cruel, en estos casos la lógica social indicaba que una mujer que llega a transgredir los estrictos roles y la misma naturaleza femenina, es dable de traspasar cualquier otra norma social o legal.
En el capítulo sobre la sexualidad, se exploran los posibles comportamientos sexuales que estas mujeres desempeñaban. Se explora la intersexualidad biológica, aunque se cree que estos constituyen el menor número de casos. También se reflexiona en el travestismo, como es entendido hoy, la tendencia a ponerse ropas del sexo opuesto. Aunque actualmente los casos de travestismo son principalmente de hombres, en aquella época eran casi inexistentes puesto que si todavía había cierta consideración hacia las mujeres que vestían de hombres porque estaban aspirando a mejor, en los casos de los hombres el travestismo constituía una degradación.
Es muy posible, como desarrollan los autores que existiera también razones sexuales de homosexualidad: “este travestismo no ha de verse como un disfraz ante el mundo, sino como un paso que psicológicamente permitía a la mujer cortejar a otra. En otras palabras, mientras que hoy el lesbianismo no se vive como un problema de género, en los siglos XVII y XVIII, sí”(72). Esta hipótesis es una interesante ruta de acceso para entender, incluso, posibles casos de travestismo femenino en la actualidad. Hay que señalar que entonces la homosexualidad era vista como un hecho temporal, un delito o un pecado mortal. De todos modos, primaba una visión falocéntrica de la sexualidad, por lo que los casos consignados no juzgan de manera dura el afecto o el vínculo entre mujeres, sino que se agraban por los otros delitos cometidos. Ello porque “se pensaba que el deseo y el amor sexual sólo se experimentaban con un hombre. Por eso partimos de que casi ninguna de las mujeres que se enamoraban de otras podía situar ni identificar esos sentimientos. Por tanto, es lógico que pensaran: si deseo a una mujer; será que soy un hombre”(74). De ahí que el cambio hacia lo masculino no era un simple engaño sino una consecuencia lógica ante la ausencia de un papel social para la lesbiana. En los siglos XVII y XVIII “el cambio completo de género era una solución para las mujeres que sentían la necesidad de expresar sentimientos homosexuales, no así para los hombres”(82).
El capítulo final “Condena y elogio” hace mención a los juicios y las sanciones, pero también a una interesante constatación, que el travestismo femenino era especialmente rechazado en las clases bajas y más bien elogiado en las clases superiores, porque era común que se viera a estas mujeres como heroínas, mientras que en el pueblo raso eran consideradas peligrosas. Este hecho contradice la usual creencia de que es en las clases bajas en donde principalmente se modifican los roles y comportamientos sociales, por la mayor flexibilidad para las transgresiones.
Lo que más se condenó en estas mujeres fue la “relación perversa” o el matrimonio, porque iba en contra de las leyes divinas. Sin embargo, fueron muy pocos casos en los que se dictó una sentencia de sodomía, pues el mismo término les parecía poco apropiado, ya que esta implicaba la muerte, como sucedió en el caso de los varones. El imaginario social ante la ausencia del falo sólo veía en las relaciones amorosas entre mujeres, un acto relativamente inocente. Como estas situaciones entre mujeres no estaban normadas, los castigos son muy diversos, en algunos casos sí se tomaba no con poca ligereza la usurpación de la prerrogativa masculina. En general había un rechazo al travestismo femenino, a pesar de que constituía una tradición viva entre el pueblo llano, pero es verdad también que la tolerancia deja muy pocos rastros en los archivos. El travestismo era permitido cuando la mujer reivindicaba la superioridad masculina, preservaba su honor femenino, tenía éxito como hombre y acababa reanudando su vida de mujer. Sin embargo, estos requisitos no siempre se cumplían y traducen un mensaje claro, el desconcierto ante la mezcla de las esferas separadas de los sexos, por ello se buscaba una vuelta al orden establecido.
Esta tradición de mujeres travestidas ha quedado en algunos pocos cancioneros populares y en obras de teatro y literarias, de las clases altas, en las que se veía con buenos ojos. Pero en los siglos siguientes desaparece. Es importante mencionar que el travestismo femenino permitió la libertad psicológica para las mujeres que se enamoraban de otras mujeres, de tener relaciones sexuales con ellas.
Se trata de una importantísima obra que puede ayudarnos a vislumbrar algunas razones ocultas del travestismo actual o simplemente a marcar una diferencia con las razones que llevaron a mujeres de los siglos XVII y XVIII al travestismo. De igual manera marca una línea en el tiempo y en la historia que es necesario continuar.

